¿A dónde ir cuando lo importante no es el destino, sino la huída?
¿Qué tan lejos podemos llegar cuando no sabemos a dónde ir? Sabía que escapaba de algo. También comprendía, con la infinita sabiduría que solo tenemos cuando somos jóvenes, que eso de lo que huía iba a perseguirme ciudad por ciudad. Necesitaba estar sola. Escuchar qué tenía para decir mi silencio. Y lo que comprendí en mi viaje fue que si no sanaba, todo se repetiría: mis trastornos alimenticios, mis duelos y mis dolores. Escucharse no es fácil. Existen tantas distracciones. Esta bitácora no te va a dejar distraerte. Pero creeme, al final no sirve de nada: solo posterga lo inevitable.
Te invito a un viaje hacia dentro.
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